Historia del tejido


El punto en sí es una historia fascinante, lo malo es que al paso del tiempo, no se han podido conservar bien las piezas.
Pieza de seda, tejida a dos agujas, encontrada en Egipto, (600 – 1200)


Es por ello que hay muy pocas muestras primitivas, por lo que no sabemos a ciencia cierta dónde comienza este gran arte.

Se encontraron mocasines hechos con punto dos agujas en las tumbas de romanos hacia entre el 900 a.C. y 600 a.C. y de las pocas piezas encontradas en esa época su elaboración es muy complicada con insuperable habilidad y perfección.Aunque después estas prendas fueron observadas con detenimiento y vieron que están hechas con hebras entretejidas entre sí y cosidas con aguja de coser. Los colores, imitando los azulejos y tapias de aquella época. Creemos por ello que era ya bastante conocido.
En España fue introducido gracias a los navegantes y mercaderes como labor de artesanía.
En la “Odisea de Homero” cuenta la historia que Penélope tejía de día y destejía por la noche una mortaja para su suegro, otros dicen que era un vestido de novia, mientras esperaba a Ulises. Entendemos que sería de punto porque si hubiera sido en telar no lo podía haber destejido con tanta facilidad.
En el famoso Retablo de Bexterhude en el Kunsthalle de Hamburgo, el Maestro Bertram muestra a la Virgen Calcetando, con cinco agujas, un jersey para el niño Jesús quien está leyendo o estudiando a su lado derecho.


Fuente

Fragmentos sacados del libro “Manufactura de la seda en América” 1886 de William Cornelius Wyckoff, utilizar el tejido de seda de Florencia.

Por el siglo XVI en Europa tenia bastante difusión. Sobre el 1520 en París se constituyó el primer gremio de calceteros.
El que tejía era el hombre, la mujer hilaba. La mujer que podía tejer era la que se quedaba viuda, ya que cogería las riendas de su difunto marido. Se fue difundiendo por entre las principales ciudades de Europa.
Para admitirlos dentro de los gremios el candidato debía tomar clases durante 6 años. Presentarse aun examen final haciendo 1 camisa, 1 gorro de punto cardado, un par de medias y un tapiz de distintos colores. La variedad de prendas eran distintas de un país a otro.
En España, Francia e Italia abundaban los guantes, medias y casullas de punto por sus buenas manos tejiendo.
En Alemania solían tener buena fama por los tapices de calceta.
A Isabel II le regalaron un par de medias de seda. Desde entonces éstas tenían mucha aceptación entre los cortesanos. Sobre todo las de España y Francia.
En Inglaterra XVI, 1565 según la ley promulgada, los días del Sabbath o día festivo obligaban a llevar un gorro de lana tupida y cardada calcetada, multando al que no lo llevara puesto por día de trasgresión.
Algunos de ellos se conservan aún en museos.
Una vez tejido lo dejaban unos 4 ó 5 días en agua. Cuando estaba duro le daban forma y cardaban quedando tan sumamente tupido que se podía hacer un corte sin que se deshiciera la labor. El fez turco y la boina francesa aún se sigue llevando.
William Lee (1589) pensando en acelerar el proceso del tejido inventó la primera máquina tricotadora. Fue la revolución de la industria en esa época y fue la base de la industria de hoy en día.
Entonces fue cuando empezó a decaer este arte, sobre todo en las ciudades. En los pueblos siguieron haciéndolo a mano al no disponer de medios económicos.
En XVIII estuvo a punto de desaparecer las escuelas y los gremios. Solo siguió como artesanía en el hogar.
En la guerra de Crimea, la batalla de Balaclava (1854 – 1856) se hicieron gorros a los soldados por el frío que aún se conservan en museos.

Los calados más finos fueron los del siglo XIX para elaborar chales, mitones, gorros, manteles, canastillas, bolsos, alfileteros de punto con abalorios.

Los expertos defienden que aún no se ha superado por la dificultad, la fineza, elegancia y el arte de estas prendas. Se tejieron muchos guantes eclesiásticos, así como casullas y alfombras.
La camisa que llevó en su lecho de muerte Carlos I (1649) fue realizado con finísimas agujas e hilo de seda y oro.

Las revistas y diarios femeninos aparecieron divulgándose y causando furor entre los artesanos. Los diseños y patrones se divulgaron de boca en boca.
En la tentativa de la Armada Invencible, cuando los marinos españoles naufragaron tratando de invadir Gran Bretaña, XVI los dibujos del Fair Isle eran de éstos marineros.
Los indios de Norteamérica fueron los que inventaron las primeras agujas, que pinchaban en el suelo, después inventaron un bastidor con forma de rectángulo o redondo con clavijas, enrollaban el hilo en ellas y extraían los puntos con un instrumento parecido al ganchillo.
En la Edad Media se hicieron muchos tapices con éstos bastidores que dejarían de usarse hacia el XIX.

Las primeras agujas para tricotar terminaban en gancho. Cuando fabrican por primera vez la aguja recta eran hechas de cobre, Carey, alambre, madera, marfil… De vez en cuando las afilaban para conservar la punta y las guardaban pinchándolas en corcho o madera. Después las guardaban en fundas especiales de cuero o cajitas de madera que fabricaban ellos mismos conservando así la capa de barniz. Muchas de éstas cajas se conservan aun en museos y son verdaderas obras de arte, ya que algunas eran esculpidas con dibujos de la época. También grababan las iniciales del artesano calcetero.

Fue una moda regalarle a la prometida una caja con sus iniciales grabadas y una cadena para atársela a la cintura y un gancho.

Calcetero Ambulante de Annibale-Carracci (1560 – 1609)

Los calceteros ambulantes tejían con dos hebras a un mismo tiempo, con dos carretes en una misma tabla, que estaba atada a la cadera. Algunos calceteros llegaban a dar 200 puntos por minuto, por eso fue la invención de las cajas, donde metían la aguja derecha, dejando libre la mano derecha e ir pasando los puntos de una aguja a otra con gran velocidad.

Fuente de imágenes: Wikipedia.es y Google images